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martes, 14 de junio de 2011

El niño dentro del complejo de castración

Cada pieza dentro de la teoría psicoanalítica es fundamental para el desarrollo de ésta, aunque unos sean más significativos es necesario que se conozcan los pequeños.
Un concepto fundamental que todo psicoanalista debe conocer es sin duda el complejo de castración, la cual no va simplemente por la mutilación de los órganos masculinos, sino una experiencia compleja dentro de la vida de todo ser humano que vive inconscientemente entre los cinco y los seis años aproximadamente. La cual es crucial para la identificación sexual del niño, los elementos que lo hacen tan importante radican desde el inicio del conocer la angustia por primera vez, además de conocer anatómicamente los sexos.
Habrá que recordar que hasta este momento el niño vivía en una ilusión de omnipotencia y desde este momento se da cuenta que el planeta está dividido en hombres y mujeres, así como también que su cuerpo tiene limitaciones, es decir acepta que su pene jamás podrá realizar sus deseos con la madre.
Sin embargo, el complejo de castración no solo es un momento cronológico, sino también una etapa de la evolución sexual infantil. Por el contrario, la experiencia inconsciente de la castración se ve renovada sin cesar a lo largo de la existencia y puesta en juego nuevamente de modo peculiar en la cura del paciente adulto.
Uno de los fines de la experiencia analítica es posibilitar y reactivar en la vida adulta la experiencia por la que atravesamos en la infancia “admitir con dolor que los límites del cuerpo son más estrechos que los límites del deseo”.
Podríamos decir que el complejo de castración se conoce por primera vez en 1908, en el ensayo “El análisis de un niño de cinco años” (Juanito), ahí es donde Freud lo menciona por primera vez.
En el niño el complejo de castración inicia dentro de su fantasía, donde todo el mundo tiene un pene igual al suyo, un momento preliminar donde aún no conoce las diferencias anatómicas de los sexos, éste es un momento fundamental ya que es necesario para que surja la angustia al darse cuenta en un ser cercano a él (mamá o hermana) no tiene el pene que él sí, una vez que el niño está viviendo esta etapa de omnipotencia es donde inician las amenazas verbales por parte del padre, vetando las acciones autoeróticas (tocamiento, masturbación, etcétera). El niño poco a poco internaliza estas amenazas pero más allá de perder su miembro viril, van dirigidos hacia los fantasmas incestuosos, donde el niño debe renunciar a algún día ocupar el lugar del padre, pero entonces las amenazas no surten efecto aún ya que es necesario otro factor, el cual es descubrir visualmente la zona genital femenina, no es en si los órganos masculinos, sino la zona púbica del cuerpo de la mujer, lo que entonces el niño descubre no es la vagina de la mujer, sino la falta de pene, de primer momento el niño no presta interés alguno a ésta situación, pero el recuerdo de las amenazas verbales escuchadas con anterioridad es donde llega el momento precastración, donde el niño al ver la ausencia de ese miembro del que tan orgulloso está, decide omitir lo visual resistiéndose a este hecho diciendo, “la niña tiene un pene pequeñito, pero le crecerá”.
El niño que hasta entonces continúa intentando creer que las grandes mujeres como su madre poseen pene, cambiará de postura al descubrir que su madre tampoco posee éste órgano, pero como se mencionó es necesario la unión de dos factores para que fluya la angustia de castración, el darse cuenta de la anatomía de los sexos y las amenazas del padre, debemos recordar que es angustia inconsciente.
Con la llegada de la angustia de castración es entonces donde el niño decide salvar su pene y renunciar a su madre como objeto sexual, tomando así su identidad sexual masculina, esta crisis por la cual el niño tuvo que atravesar fue necesaria para conocer sus límites, dicho así el final del complejo de castración es para el niño también el final del complejo de Edipo.

domingo, 12 de junio de 2011

EL ANALISTA FRENTE A LAS ACCIONES Y EL MUNDO EXTERNO DEL ANALIZADO

Cuando estamos en formación escuchando o leyendo aspectos referentes al proceso terapéutico en sí, me pregunto a qué distancia estamos de lo que encontraremos en un proceso terapéutico por nosotros mismos. Ciertamente lo que encontremos dependerá no solo de lo que aporte el analizado o lo que hayamos aprendido sino también de nuestra capacidad para relacionar la teoría con lo que escuchamos en ese momento, de nuestras capacidades yoicas aún más, pero sobre todo del conocimiento que tengamos de nuestro inconsciente, de las herramientas que de él obtengamos para llegar al inconsciente del analizado.

Pero lo que encontraremos será aún más complicado que todo esto, me arriesgo a apostar (aún sin experiencia práctica suficiente para avalarlo) que encontraremos ahí lo que compone a la Esfinge, el Minotauro, el Pegaso, las Gorgonas y sinfinidad de entidades míticas compuestas de instintos o pulsiones disfrazadas, como bien lo representa en la mitología el dios Nereo, pero no somos Hércules, Aquiles o Teseo, y no podemos aspirar a ser el sabio ya que ello mismo es la antítesis del analista; somos, como ya hemos escuchado o leído, los que ignoran, los que no saben. Alcanzar ese estado es lo que nos indica que ya somos analistas, además de una exploración considerable del inconsciente propio.

La relevancia de esta postura del analista frente a las acciones del analizado es la que soporta a la terapia psicoanalítica, la premisa de que es el analizado el que sabe lo que se tiene que saber es la que guía al analista, entonces ¿cuál es la función del analista frente a las acciones del analizado? Qué es lo que hace el analista cuando el analizado le presenta sus acciones esperando recibir de él lo que aplique a su organización mental, pues si el analista nada sabe nada hace, así de simple, al menos en teoría, de nuevo me pregunto ¿Cómo se hará en la práctica? Y no porque no sepamos qué hacer, lo hemos aprendido, pero estando ahí frente al analizado en el campo de juego de la transferencia y la contratransferencia con los acting in operando en el analizado, ¿cómo vencemos el deseo de ser el que sabe para consolidar en ese instante y sin institucionalizarnos en el que no sabe?, supongo que lo sabré cuando lo haya logrado, espero.

Cuando de institucionalización hablo me refiero a actuar de analista, a fingir ser el analista sin poner nuestra energía psíquica en lo que el paciente dice o no dice, y esto es algo que al menos si he visto y escuchado desafortunadamente, el psicólogo que trae su mundo e intenta imponerlo al mundo del paciente, sin embargo ese no es un analista aún cuando diga que utiliza el análisis.

En cuanto a la relación del analista directamente con las acciones del analista, éstas representan para él un material más de interpretación y de conocimiento sobre el analizado, puede ver en ellas la construcción sobre la realidad que hace el paciente, le muestran su mundo externo tal como él lo percibe y lo vive. Lo que constituye su modo de relacionarse con los seres cercanos a él, encontrará en la narración de las acciones y del mundo externo los lapsus y las incongruencias por donde aflora el inconsciente. Siendo éste último el que tiene mayor relevancia para el analista.

En ocasiones me pregunto qué es el mundo externo del analizado para el analista, cómo se relaciona el analista con este mundo externo del paciente, construido a raíz de la narración del paciente, como se fusionará con sus propias experiencias encontrando en él un eco de su propio mundo externo, así como el papel que tendrá esto en el proceso analítico. A mi parecer sería ingenuo creer que solo el paciente fantasea con el mundo externo del analista, aún cuando sea a un nivel más inconsciente que el del analizado.

Otro punto en el que se relacionan el analista con el mundo externo del paciente es sobre el avance de analizado y las resistencias conjuntas que elaborará el círculo de personas que le rodean. El cambio en el paciente provocará cambios en su medio, cuando este medio no esté dispuesto a cambiar y el analizado no pueda consolidar los progresos el analista se verá enfrentado a la frustración y el análisis se prolongará, este es otro de los motivos de la duración del análisis.

Sin duda existen otras relaciones entre estos aspectos o un mejor trato de ellos pero al menos espero haber tenido el mérito de señalarlos, por último y respecto de lo tratado al final me pregunto: ¿cómo reacciona un analista ante la frustración del no cambio en el analizado? (no como reacciona conscientemente sino inconscientemente…)